¿Por qué la suerte?
Sino acompaña entonces estorba
con su ausencia.
Mientras rebota sin conciencia,
en preámbulo de lo que no nos dé la gana
de recibir.
La Dama pone reglas rígidas
para el andar, sin pensar;
las garrafales aves rapaces
-de la holgazanería-
clavan sus ávidos picos sin piedad,
en las múltiples llagas del Trovador desadaptado.
¿Quién perseguirá,
El caballo traslúcido de la Fortuna?
No tú, si no sigues persiguiendo el sueño eterno
Del cazar.
El azar se desliza, como su forma más concisa:
una seda fina, de cóncavos alrededores.
Una tráquea incorpórea que recorre,
como capullo al humano atento que la escuche.
Es un músculo, estirándose y remeciéndose,
creciendo, aprendiendo de sí mismo y del intento del jalar,
dejar. reposar.
como un órgano que mora
entre los agujeros de las decisiones.
Son luciérnagas revoloteando, en un agujero negro,
buscando a quien tenga hambre de captar su luz.
A veces Nos olvidamos de que la suerte,
sino nuestra vieja amiga,
una dulce cómplice inquisidora;
anciosa de ver, una realidad apilada sobre otra,
entrelazándose, como hilanderas en la boca de un volcán.
La Fortuna.
El Azar.
La Suerte.
Más demonios que conocer.
Más amigos que conquistar.
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