La mente es una escalera dispersa.
La despensa en sí no es sino la médula,
de las células, la coherencia circunscrita a su sentencia.
Auto-impuesta, es la hora en que la vida comienza a mostrar
vehemencia
Del tiempo su pastor por fin se le presenta,
puesto en algarabías hechas ropajes de traslúcidos.
Así visto elegir la piel, hecha cadenas con verborrea.
Presencia, la libertad se saborea a través de una lengua
sin ascuas ni pretensiones de engañar,
¡olvidar, irrespetar o interrumpir!
El paso del tiempo, como una mentira amable de elegir.
Sé, que no es el sentido del origen inevitable
de una traición,
originaria, de la canción su descenso e,
irónicamente,
No su final.
Las memorias las sigues apilando, entre la esencia ósea
de los sentidos.
Y las amargas aguas del adiós,
marcan aun tajantes su letargo...
En mi cabeza, hay aún espacio para un millón y medio
De Diablos.
En mis venas de férreo yeso, acumulado
está el sarro como ecos de miles de vidas
que ya me he cansado de vivir.
La insanidad se presenta
como las formas en que la realidad, decide mutar
Da risa, en verdad,
como si nadie escuchará al viento graznar.
A las luciérnagas gritar...
Nadie escucha ya, a las sirenas del olvido,
así cuando aún
luchan por no verse a sí mismas apagar.
Quizás sí esté l o c o .
Quizás, sea un desquiciado cuerdo del atar...
Tal vez no vea mis venas sangrar,
cuando sueñe sobre doncellas montadas en pegasos.
Tal vez, no me quite el reparo el pensar,
¿Y qué pasará con mis suspiros?
Cuándo me abrace la muerte...
De repente,
No me materializo sino como una cadena eterna de palabras:
Guayaba, Ferrocarril y de repente Azafrán.
Solo un poquito de Azafrán, para que no perjudique a mi Tiniebla.
Durazno, Sangrando y Melocotón.
Porcelano Pormenor del Pormedario.
Fizcarra, Birotrón y Remunicencia.
Quirujo, botánico y luminiscencia...
Quizás ya me pasé.
Solo un poco, en verdad.
. . .
La verdad seguirá siendo.
Un océano inalcanzable de azucenas.
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