No sé qué escribirte.
Hoy día.
No sé si reírme de lo que incito,
mofarme de la casulidad de haberte conocido
entre todos los rostros ofuscados de Dionisio.
Entre todos los maremotos de tuétano apagados,
injustamente, antes de brillar,
quemar silueta,
No sé si soy el niño encontrando
más compañeros de juego,
o seré el demente que encuentra
cuerdas deshilachadas con quien
deshatar los nudos sea otra acción del cotidiano.
Este mundo es de quienes lo cogen.
Esta realidad, la doma quien controle:
El ajedrez es piedras diurnas,
de Prometeo.
La norma solo afecta a los seguidores de Morfeo,
por mientras que haya soñadores.
Habrán Trovadores.
Y, mientras haya Trova,
Habrá quienes se alzen juntos.
A alcanzarla.
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