sábado, 20 de enero de 2018

Ventisca soñar


En la posada
las campanas rechinan contra el viento 
anacoreta.

Coqueta, entra la luz,
por los corchetes que dibujan
las sombras de los árboles al graznar.

Opuestos al solar, 
las sonrisas de recuerdos cándidos,
caen como lluvia congelada:
cristales que reflejan, ostentosamente,
todos los lados más amargos del sol.

Somos solo, así, piezas, muebles.
Un aire entremezclado que conlleva,
los años como hojas en torbellino, ligero, sutil.

Sofisticado en tanto no se sabe dominar,
sin perforar tantas sombras duramadre.

De los berrinches caen, en avalancha,
los caprichos hechos a luz de luna llena, 
y, en los calderos de remordimiento,
arde tajante la pasión 
de un deseo demasiado voraz

para realizar...

Así, camina y  se desliza, su presa,
la lengua humana.

Sus ojos nacientes en la nuca
plantan una expresión de cuchillo 

Hacia el umbral.

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