viernes, 29 de diciembre de 2017

Maltrecho Colorido


Todo lo que quiero

lo consigo en el espejo.

En las sombras dilucidadas de espacios controlados,

maleables al ojo crítico y caprichoso del fetiche,

sensorial,

                   emotivo...

El hambre humana

por sentirse descifrados, por una perspectiva

ajena a la intrínseca del cráneo:

el dolor de no permutarse en un ser acogido por un rancho.


Sin embargo, el embargo emocional marca su presencia,

y no me gustan las negociaciones de un solo lado,

la reciprocidad falseada de una transacción prediseñada.


No confío, en esa aureola blanca,

que se desprende, como sudor blanco -polvo de tiza-

sobre las cornisas de las retinas, cuando rebotan

la luz de su perpendicular visión sobre las llagas,

sudadas y resecas de verano...


No me gusta el juego vano, llano,

pautado de extrapolar el alma mía,

que he creado, mantenido,

que he aislado con la joven e inocente promesa

siempre ajena y lejana, 

                        del sanar...


Sé, quizás esto sea lo que hace al humano, querer tener sentido,

para descifrarse por qué es humano, en primer lugar.

Sé quizás estos sean esos días de remordimiento,

en los que me permití digerir mi definición de amar,

junto al ácido que ahora perfora,

las fibras de mi pecho como carne putrefacta-


Lista para que los gusanos, hagan de mí,

de nuevo los hoyos, sus agujeros,

un hogar por retomar.

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