''..yo quiero
una mujer con voz de océano,
que me cante siempre en las lunas
cuando le toque extrañar...''
Hace tiempo,
la pregunta era sencilla, una semilla.
En tiempos ajenos, la pesadilla era si no:
mitad simulación placentera,
parcialmente una repercusión contenta.
No obstante, el eje sigue, como siempre,
En rotación constante.
La realidad se pinta sosa, de nuevo,
sin tu presencia.
Mi sabor es fantasma;
mi ilusión, esquiva.
El color se comporta caprichoso,
no haciendo caso a mis querellas sin bandera.
Mi voz se desprotagoniza en forma de cedilla,
y mis letras ya no alcanzan a rasguñarte.
Por eso, denme, estrellas,
una chica de voz fina,
que me dibuje melodías de reparo.
Una dama con trombones en sus gritos,
y que las curvas de sus suspiros, dejen me abrupto.
Quiero, una mujer que me cante:
canciones de cuna que solo conocen los astros y las constelaciones.
Dame, Universo, un alma bella con forma sutil de pájaro,
quién me silbe mientras le enseñe
a curar sus alas rotas, dañadas por el flagelo de la brisa...
Dime, sino, allá entre las escarchas; multidimensional,
su tacto se esparcirá entre las múltiples posibilidades de mi vida.
Y yo me siento aquí, descifrando sólo,
el algoritmo infundado de mi insatisfacción perpetua.
No me dejarías encontrar,
un espejo que no se rompa al comparar,
a quién su sombra opaque más corpóreo:
su reflejo,
pungente a la hora de mostrar los ojos tras las sonrisas.
El infierno se disfruta entonces, a la hora de cenar:
El arte agridulce e injusto, inmoral;
la gracia sucia de verse cocinar,
al conocerse más...
''..yo quiero...
...una mujer con voz de- desierto,
que me cante.. sin graznar...
cómo me voy a reparar...''
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