sábado, 28 de julio de 2018

Un Breve Momento De sanidad


La mente es una escalera dispersa.

La despensa en sí no es sino la médula,

de las células, la coherencia circunscrita a su sentencia.

Auto-impuesta, es la hora en que la vida comienza a mostrar


vehemencia


Del tiempo su pastor por fin se le presenta,

puesto en algarabías hechas ropajes de traslúcidos.


Así visto elegir la piel, hecha cadenas con verborrea.

Presencia, la libertad se saborea a través de una lengua

sin ascuas ni pretensiones de engañar,

¡olvidar, irrespetar o interrumpir!


El paso del tiempo, como una mentira amable de elegir.

Sé, que no es el sentido del origen inevitable

de una traición,

originaria, de la canción su descenso e,

irónicamente,

No su final.


Las memorias las sigues apilando, entre la esencia ósea

de los sentidos.

Y las amargas aguas del adiós,

marcan aun tajantes su letargo...


En mi cabeza, hay aún espacio para un millón y medio

De Diablos.

En mis venas de férreo yeso, acumulado

está el sarro como ecos de miles de vidas

que ya me he cansado de vivir.


La insanidad se presenta

como las formas en que la realidad, decide mutar

Da risa, en verdad,

como si nadie escuchará al viento graznar.

A las luciérnagas gritar...

Nadie escucha ya, a las sirenas del olvido,

así cuando aún

luchan por no verse a sí mismas apagar.


Quizás sí esté   l o c o .

Quizás, sea un desquiciado cuerdo del atar...

Tal vez no vea mis venas sangrar,

cuando sueñe sobre doncellas montadas en pegasos.

Tal vez, no me quite el reparo el pensar,

¿Y qué pasará con mis suspiros?

Cuándo me abrace la muerte...

De repente,

No me materializo sino como una cadena eterna de palabras:


Guayaba, Ferrocarril y de repente Azafrán.

Solo un poquito de Azafrán, para que no perjudique a mi Tiniebla.

Durazno, Sangrando y Melocotón.

Porcelano Pormenor del Pormedario.

Fizcarra, Birotrón y Remunicencia.

       Quirujo, botánico y luminiscencia...



Quizás ya me pasé.

Solo un poco, en verdad.

. . .

La verdad seguirá siendo.

Un océano inalcanzable de azucenas.

domingo, 15 de julio de 2018

D. Judos: Parte I


Un hombre ciego camina tropezando.

Su chaqueta es bermellón de coágulo,

aunque bien el cielo se vea negro como un mar de tinta

De rra Mada.


En su cigarrera, abundan víboras marrones,

de deshilachados presentares interiores.

Escupen humo mientras tragan candela para

sobrevivir 

la corta vida que empiezan cuando se disponen a morir.


El hombre, de cicatrizes voraces,

apaga su fuego tras sentenciar su víctima.

En el aire se respira un aroma hediondo a pestilencia.

La maldad se palpa como breas sobre el mar.


Tras la gabardina, una bala atraviesa perdida,

penetrando el ambiente sonoro como marca,

en la conciencia, los recuerdos:

Todos los momentos fallidos de dejarse ir.

Al éter aún pronto su partir.


El hombre aturdido, envaina su dragón de plata en mano.

Son seis cabidas para quemar,

de el alma de un hombre insano

su impuro despedir como 

fuentes de vasos sangrando.


El hombre corre cauteloso,

en su mirada solo hay espacio para una bestia en busca

de la misma carne que le quisieron arrebatar.

Los dientes suenan como chasquean,

tronando rabia para procesarla en fuerza.


A lo lejos, se divisa tras la niebla,

un almacén rodeado por tinieblas de maquiavélica

aurora, en otrora de memorias,

vienen imágenes de una perdición asegurada y vistosa.


El hombre galopante, 

hecha vapor de azufre al respirar.

En su mirada,

porta el fuego de la hambruna que lo impulsa a

conquistar

su miedo de dejarse ir en cóleras corporales,


Abre la puerta, golpea las sombras que inundan el depósito.

Entre cajas de origen inconexo,

un sonido toma pretencioso protagonismo en sigilo-


Escúchanse voces de cercano

parlar, mi destino corre al mismo trazo que el 

trote, de un cobarde pronto a conocer mi choque.

En dónde estás para que puedas devorar

de plomo una tormenta como garúas en lluvia

de meteoritos solitarios...


El hombre, en sus garras el fierro listo para actuar.

Sus ojos, una penetrante ilustración de abismo.

En su mano, el picaporte listo,

gira el dispositivo.

Abre el umbral.

Una voz, toce en lo que no se sabe

disfrazar, el callar con la obscuridad.


Un hombre grita, con silencio en vez de verbo-

 ¡A ti..! por qué te tuve que encontrar...

martes, 10 de julio de 2018

Segundo Versículo: El Encuentro Sideral


Mis andares, los cuelgo al hombro,

como espadas que acarreo en forma de agobio.

Perpetuo, es el intento saturado de encontrar

siempre las palabras precisas para colocar,

en la llaga las cenizas como cristales que

c
a
e
n

como garúas dilucidadas en sonrisas

amargas de saborear...


No somos ''de nuevo el hombre''.

Quizás sí, la bestia en su disfraz:

Un alma de látex, dispuesta y lista a saborear

de sus mentiras un escorzo multidimensional.

De una mirada prendida, buscando respuestas en un 

mar perpetuado de maremotos ultravioletas

De sal.

los espejos no me susurran,

ni las voces sus gritos me quieren regalar.


Me quedo solo ante la penumbra.


Y existo solo ante la injusta

representación visual de algo taciturno y abstracto...

Un aura en eminencia

Un Dragón

pronto


un encuentro  s i d e r a l .

viernes, 6 de julio de 2018

Telón en llamas


Corazón dilatado.

Y la tortuga en el pecho,
fragmentada en un millar de formas mismas

de su ser.

Ahora obsoleta como mi sentimiento
de complacencia.


La aurora de un nuevo mañana
pinta sus cascarrabias carcajares

sin gracia...


Me siento como el animal nuevo,
listo para devorar, llegar hasta los huesos,
sin preocuparme de que los mañanas,

No gritarán de nuevo.

En mi afán de cosechar, aquello que no poseo,
pero que las moscas igual anhelan conseguir
me atrevo a cantar como Venus en su boca,

quemando almas como hambre que sofocas.


Será que el amar, tan vanal como su intento de
justificar, lo que no se puede argumentar:

En estos días se besa con hilos de acero, 
prendidos de los nervios.

Ya nadie besa con besos...


Carnosos, son los ecos de lo que fue una vez,

y también son ecos las caras que no conoceré.

Serán los ecos sus historias,

que siempre guardaré.

mas quizás ya no observe.


a quién tendré...

Que rezarle falsamente, con el rosario incendiado,

para que de una nueva vez.

Salga de mi un concierto de trompetas.

Cuando en la cara amalgamada de una doncella

ya no se exhiban tanto las grietas,

que mi paso deja...

en sus miradas

quizás, algún día encontraré

alguien con quién ya no sentirse tan llano


Quizás...

Tal vez...

No sea tan malo,


En verdad.

lunes, 2 de julio de 2018

Tutorial para la Buena Suerte


¿Por qué la suerte?
Sino acompaña entonces estorba
con su ausencia.

Mientras rebota sin conciencia,
en preámbulo de lo que no nos dé la gana
de recibir.

La Dama pone reglas rígidas 
para el andar, sin pensar;
las garrafales aves rapaces
-de la holgazanería-
clavan sus ávidos picos sin piedad,
en las múltiples llagas del Trovador desadaptado.

¿Quién perseguirá,
El caballo traslúcido de la Fortuna?
No tú, si no sigues persiguiendo el sueño eterno 

Del cazar.

El azar se desliza, como su forma más concisa:
una seda fina, de cóncavos alrededores.

Una tráquea incorpórea que recorre,
como capullo al humano atento que la escuche.

Es un músculo, estirándose y remeciéndose,
creciendo, aprendiendo de sí mismo y del intento del jalar,
dejar. reposar.
como un órgano que mora 
entre los agujeros de las decisiones.

Son luciérnagas revoloteando, en un agujero negro,
buscando a quien tenga hambre de captar su luz.

A veces Nos olvidamos de que la suerte,
sino nuestra vieja amiga,
una dulce cómplice inquisidora;

anciosa de ver, una realidad apilada sobre otra,
entrelazándose, como hilanderas en la boca de un volcán.


La Fortuna.

El Azar.

La Suerte.


Más demonios que conocer.

Más amigos que conquistar.