La frecuencia se alza cual pájaro en alba y asunción,
raíz cúbica concentrada del fugor del viento y su volar:
Roal quiere jugar mas las aves no dejan de tronar.
Qué hacer, cuándo el boquerón asoma su vacío,
en abismo como sombrío, índice malévolo del loco
sobre el lar...
¿Y qué es el lar?
El dar alas volar para encontrar páramos,
más azucenas...
¿Y por qué siempre azucenas?
Quizás no es el hambre sino también la calma así al parlar:
El Hombre evoluciona como mariposa en mantiz de cristal.
Quizás, no sea hora próxima ya hacia el ostentoso despegar,
una manta taciturna cubre los ojos que no desean ya soñar.
La apertura, no fruncida sin antes raspar de culpa,
vuelta una tulpa pretenciosa echando espuma de su andar...
De concienzuda, se vuelve una turbia esfera de enredos,
y acecha, la cordura escaza que me embruja
aún con cándidos susurrares de un palpar humano,
palpitando saliva concreta para salvaguardar
lo que lo abstracto no cobró ya con su enorme peaje de fisuras.
No obstante el verbo corrompe, tajante,
la mente sigue sin demora.
La lengua permuta su hábito en penumbra,
sin poder perforar los hoyos en donde la verdad
Aún no quema...
aún no quema...
Aún no quema.
En verdad.
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