martes, 19 de junio de 2018

Primer Versículo - El Auge Sideral


El camino es un elefante perlado,

está dilucidado en lozetas amarillentas de verdoso

parlar.

Su galope son las cornetas que su trompa

bota pretenciosa, contaminando el sabor auditivo

del lar.


Y es muy truhán, el destino como rocas calientes,

en lagos vorazes de magma derretido de sal.

Arden puestas en perspectiva, volviéndose los ojos en donde,

antes aperturas carnosas -ahora nuevas fosas para reposar-

un nuevo duende Diablo al cual rezar.


Mi sangre es el medio; la penumbra, el transcurso.

La evolución se turna, como en fábula,

una dimensión moral que apaciguar,

con moralejas falsas por rellenar.


No creo que lo incierto me encierre,

en un mapa, como cárcel;

impidiéndome alcanzar nuevos trotes solo por el capricho,

clásico, de querer ver el mundo tronar.


Ahora, con armas recobijadas, el revoltijo se vuelve

mero placer del chanque sensorial.

Mi meta es seguir los pasos que entre las voces

me dislumbran un trayecto hermoso y sideral.

Mi andar serán huellas de tuétano y azufre,

llamas azucenas con aroma de azafrán;

mi mano como el lienzo,

mi acción la pintura sobre el mural.

La muralla es la sombra de mi alma en negociar...

mi libertad, sino una trova,

una leyenda 

sin goze de final.


Por fin, el hombre despierta del sueño cavernoso,

y ve las formas como las sombras engañosas que comió

en otrora...

Consecuencias de nacer en carnes ajenas del éter dimensional.


La luz perfora, es ya la hora:

El Auge Sideral.

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