En tus ojos:
el color negro más profundo,
más hermoso que el vacío.
Me duelen, las muelas que resuenan
Cómo duelen, el cantar...
Me sumerjo entre,
sombras poco enemistosas,
como hermanos olvidados en otrora.
Me saco la costra sedosa de los ojos.
¿Quiénes somos, de nuevo?
Esa misma cara gris,
creyéndonos humanos cuando solo
metal ardiente sabemos exhalar
al suspirar...
Tu voz me mece como la historia
de cuna que solo tú y yo sabemos contar.
Como un raspar barítono de fibra,
suave, amarga...
Dulce como una llama
que se olvidó el truco para quemar
tersamente...
Acaso, en ese lugar donde me esperas,
¿encontraste la cura con que tanto anhelo soñabas?
Espero que, aunque de mis cristales,
ya no lloviznas quepan,
aún sigan teñidos de un negro afable al tacto,
como tu canto bajo sideral...
Espero que me estés esperando...
Porque no puedo lograrlo
yo solo...
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