La vida me da miedo.
Se alza como pájaro hecho penumbras pendientes
por descifrar.
Su horizonte no pinta,
las verdades de futuros difíciles
de conocer.
La naturaleza del tiempo me sofoca
en tanto escucho a los granos de arena caer,
uno por uno,
mientras mueve maquiavélica su mano
Trazando hitos sobre el Lar.
Aquí en la tierra, los Forajidos.
Las almas tras los gritos de aquellas sombras,
una vez humanos,
que ahora permutan en tinieblas sin forma.
Una vez fuimos todos, niños hambrientos por probar,
de la vida sus manjares sensoriales al descubrir
tierras de Dionisio en donde el ojo del paladar
no puede alcanzar a taladrar,
sino hasta que la vejez marque su paso en canas cayéndose
del rostro...
Vivimos en un mundo donde soñar sí cuesta caro
y los esfuerzos colectivos se suman como gotas en el mar.
Es un monstruo, en verdad,
la sociedad con que luchamos, la suciedad por desterrar.
No nos gusta ni planeamos conformarnos,
es un camino empedrado y duro por andar.
No nos creemos pulcros ni tampoco desinteresados.
Sin embargo sí caballeros de oro porte,
dignos de una trova por contar.
Venimos aquí con ostentosos esplendores,
planeamos quedarnos un rato y de este ambiente:
Talar los mármoles necesarios
al trotar...
Quemar los cristales más ofuscados
Al virar
Nuestra atención a los más altos y esforzados pormenores,
de una secta escondida entre las sombras que ellos mismos
crean y disponen para de nosotros el tomar
los cuerpos por sucumbir al ingerir de tontas
mismas figuras incorpóreas de siempre,
no nos cansan de ''alimentar''.
Perenne la misma basura,
un proyecto comunal perpetuo, que deciden nuevamente
reincorporar a nuestras dietas, como cada ciclo cotidiano.
Se tornasola así un mundo triste y muy insano,
se conjugan los discursos derrotistas del humano,
insaciado buscando piedad alguna en pantallas sin alma.
Nos han querido engañar.
Y lo han logrado.
Mientras, mis hermanos siguen creciendo,
yéndose cada cual al espacio que le toque
reposar. El emprendimiento no es justo y sin dolores,
el esfuerzo es medicina para el mal, que resulta gustoso padecer.
En mi mente ya viví y morí, un millar y medio de aventuras,
mal esperanzado en mi fallido intento perpetuo de sanar.
Me olvidé que en la vida existían Trovadores.
Seres míticos que viven como eternos reporteros predadores,
exhiliados del Olimpo por no caber en formas o reglas dispuestas
al azar... Rasposo paso olvidado por la fuente amable de la lógica.
Me olvidé que en esta vida hay escogidos para acciones,
grandes y poderosas en un plan, del cosmos por su control el conquistar.
Me olvidé que el cambio es manejado por estos entes.
Humanos bañados en el lodo del éter sideral.
Me olvidé que uno de esos locutores
era Yo.