Volando en asunción se posa
la paloma, en éxtasis de premonición,
cardíaca y constante, en melanoma
color negro como tomas
un retaso de películas de otrora.
Doradas pules
tus palabras, como plumas
como dagas.
Se nutren de dulzura, mas se corta
en premura,
una copa de vino color lujuria,
por discordias como ninguna...
Es el estigma impreso
en la partitura:
un papiro expreso en
fuxia,
locomociones de ultratumba.
No es, nuevamente
una quimera aislada;
un ratón, quizás, atrapado,
ensimismado para entablar
una misión burocrática, pero
diplomática.
Entre el ascenso de un siniestro
pero honesto
intento humano del crecer.
Somos teclas pues,
al parecer
y quien toma el cargo,
finalmente,
no es sino el estrépito del
relámpago carnoso del cerebelo;
quien dicta quién difunde:
las palabras dentro del eco permanente.
Sin embargo no es ya sino fractura.
Y la furia se entre escapa de
las brasas,
un calor que derrite vínculo nervioso
y tangente tangible desde las ventanas.
Un final se aproxima y no se alcanza,
no sin antes
identificar:
Quién es sabio y quién...
Tira sus cantares
siempre...
hacia la ruma.
Envuelta en llamas sin intento
de apagarlas.
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