Sirve quemar
para la trocha que
no se esconde, sino se exije arder
más fuerte antes
sin pretender
destruir
lo que se impone ante lo
inminente.
De una muerte,
su pecebre
hecho carnes sapientes.
Una mentalidad,
una cantidad neuronal
en son de danzar.
Su baile electrostático,
contacto
ambiguo pero pautado,
entre maremotos de
decodificaciones
sensoriales
nerviosas...
Y una conciencia,
ostentosa,
postrándose como lienzo
en la mirada.
Es la ilusión
de la humanidad vuelta
una película
palpable.
Mas ahora envuelta en
la simulación
contagiosa.
Se denota una realidad
trazada
con limítrofes
poco bien racionalizados.
El fin se acerca en tanto
se predica
su presencia.
La gente está anciosa.
Las cosas, potencialmente,
caos bien marginado
en discordia.
Es hora.
Deja de ir.
Párate ya.
Es hora de mirar.
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