Vespertinoso y quejoso.
Como paria se expande
el reposo.
De su prole, una sombra que se esconde,
entre los escombros de lo que su noche formó
en un tono de azul menos tácito que el
celeste verpertino
por fastidiar, pero no aparentar
las diversas siluetas coloridas del idilio.
Es una suerte y de ella un auspicio,
del delirio del quiosco del obstino,
serpentino, el volátil escape
de entre las risas, una carcajada
emparejada jamás, se alzará sino en protesta,
un trote por tinieblas que no conoces.
Una faceta más.
Una careta menos.
Una careta más.
Una pistola humeando hechos.
El ritmo es la clave, sino es la perdición.
Entre la sazón del Diablo y el dios Falso:
''Qué representar más benigno'',
mas acción tan maligna, como corrosiva
su certeza en el flagelo del Humano,
y entre sus vértebras:
Un espinazo,
una serpiente,
una culebra de sensaciones
y una corriente.
Un haz de luz que representa
Diez mil colores y sonidos
de trompeta,
de estridente, caos perpetua
su manera de sanar.
Su terrible forma de observar...
A través de calmudas palabras
y fugaces vibraciones.
Una cara que sobresale entre el abismo
y el olvido.
Una tonalidad de azabache
más obstinadamente obscura
que las siluetas del resto.
Hechas cenizas vueltas polvo de cristal.
Es así la historia.
Una cadena de hechos y premoniciones.
Es una ostra que se abre como labios de fractales,
y adentro sus garras multidimensionales,
Un espejo rebota.
Tras otro.
Una repetición perpetua que se
manifiesta sobre el plano
y el llano,
y el obstáculo
en el medio
del altiplano.
Es la realidad hecha añicos
y ellos añicos, hechos un cándido resonar.
Del Celeste más antiguo,
que el silbar matutino ancestral del acodicio.
Nos encontraremos solos
como dos sombras mal dibujadas
en el Solar.
Y más allá...
De entre el cosmos,
una Nube,
una suerte de configuración fractal palpable.
Un hogar
Una tiniebla inolvidable.
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