jueves, 10 de enero de 2019

Negro


Cochambre.

Pasa una niebla espesa recorriendo mis venas.

Desde la muerte de la noche pasada,
hasta el nacer del nuevo sol.


Todo el día pude sentir,

que de mis nervios las raíces en fiambre irían a apilarse,

las arañas de la tragicomedia incertidumbre:

El ver a la vida canta incoherencias desde atrás de los telones...


Ahora, en esta perla negra escarchada,

me oigo a mí mismo, más necio que nunca,

gritar...


Esos gritos que nadie suele escuchar,

que siempre se tienden a ignorar

por carecer de masa real

para impactar.


Mas en mi pecho hay carteles anunciando espacio;

un desierto que se llena de la brisa que el silencio aporta.


Mis ojos.

Cóncavas cavernas, decoradas para disfrazar

aquellos tragos de saliva que saben a filo de navaja al bajar

Una boca en busca de una mitad para apaciguar;

de llantos a los besos como balas al aire vacío.


Es una de esas noches en las que dejo de decir Ahora.

Y pienso más allá de lo que mis propios miedos crean en las sombras.

Recorreré los caprichos de los demonios como un potro de esqueleto,

dispuesto a resucitar tantas veces

como el Camino lo exija.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario