Quimera.
Soy versátil como la fiera es fiel,
al caos de donde salí, allí donde morí.
Ese final viceversa que me mira desde entonces,
en el fondo del reflejo del umbral:
La vida nunca ha sido más que ahora,
un prisma mal diseñado por capricho.
A la par que mi piel escamosa quema
ante el tajante canto de las crisálidas solares,
no puedo evitar notar
cómo los polígonos se desprenden de mi forma.
cómo los polígonos se desprenden de mi forma.
Cómo las líneas de mi concepto se tornan tanto ociosas.
Pierdo los colores en tanto ya no reconozco sus bordes de fronteras.
La energía que me rodea siempre es áurea.
Y mi sombra es tan espesa como mi maldad poderosa.
Mi suculenta terquedad carnosa de penetrar,
mi éter se vuele diana para todas,
esas ricas tinieblas juguetonas,
que hace tiempo sé
me quieres presentar.
Este tiempo lo siento en las pisadas.
En cómo mutan mis sombras cuando flagelo
mi alma oxidada frente al océano,
y pierdo noción de cuánto cansa
mantener mi forma,
cuando asustada mira hacia el espejo
y los ojos que me reciben no son los de un ''Roberto''.
Soy la odisea.
Constante.
Perpetua en tanto se niega en concluir,
la búsqueda sagrada de encontrar
a quién demonios se le han caído
tantos pensamientos negros en mi nuca.
Así, con cada año que pasa,
''el niño se vuelve hombre''.
Evoluciona.
El hijo se vuelve asesino.
La multitud crece en germen.
Mientras que las voces,
no dejan de ser chispas de madera en la hoguera.
Y ya no deposito mi fe en esperar
a que el cielo me escupa
al próximo mesías que me guíe
al siguiente mejor infierno por conquistar.
U otro aparente oasis de sanidad,
entre tanto maremoto indescriptible
de sonido y sabor.
Azaroso.
Cuidadosos serán mis pasos por el lar.
Mi alma coqueta vira hacia El más allá,
ese que no radica,
tras los pórticos roídos y negros de la vieja Hermana.
Si no,
¿en un lugar más peligroso?
[. . .]
Cuando mire hacia el espejo.
Y encuentre un rostro menos salvaje.
Te llamaré de entre los borrones de mi infancia.
Te encontraré.
Y te mostraré el verdadero reflejo.
En el espejo que has dejado olvidado...
Tras ese rabillo oscuro en la mirada.
que hace tiempo sé
me quieres presentar.
Este tiempo lo siento en las pisadas.
En cómo mutan mis sombras cuando flagelo
mi alma oxidada frente al océano,
y pierdo noción de cuánto cansa
mantener mi forma,
cuando asustada mira hacia el espejo
y los ojos que me reciben no son los de un ''Roberto''.
Soy la odisea.
Constante.
Perpetua en tanto se niega en concluir,
la búsqueda sagrada de encontrar
a quién demonios se le han caído
tantos pensamientos negros en mi nuca.
Así, con cada año que pasa,
''el niño se vuelve hombre''.
Evoluciona.
El hijo se vuelve asesino.
La multitud crece en germen.
Mientras que las voces,
no dejan de ser chispas de madera en la hoguera.
Y ya no deposito mi fe en esperar
a que el cielo me escupa
al próximo mesías que me guíe
al siguiente mejor infierno por conquistar.
U otro aparente oasis de sanidad,
entre tanto maremoto indescriptible
de sonido y sabor.
Azaroso.
Cuidadosos serán mis pasos por el lar.
Mi alma coqueta vira hacia El más allá,
ese que no radica,
tras los pórticos roídos y negros de la vieja Hermana.
Si no,
¿en un lugar más peligroso?
[. . .]
Cuando mire hacia el espejo.
Y encuentre un rostro menos salvaje.
Te llamaré de entre los borrones de mi infancia.
Te encontraré.
Y te mostraré el verdadero reflejo.
En el espejo que has dejado olvidado...
Tras ese rabillo oscuro en la mirada.
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