Andando en tierras lejanas
me encontré un albedrío, un algarábico esbozo
de lo que sería mi final suspiro.
Entre el frío eterno y la obscuridad latente,
este cielo me asombra con penumbras de sorpresa.
Mis manos se entumecen en tanto te veo nacer,
de mis llagas como la fiera más potente.
Poderosa,
La Noche
quieta más no pasiva,
salpicaba cucharadas de murmullos
de sus miradas...
El infierno más sideral
que jamás podrán conocer.
Los testigos más fieles de Mefisto.
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