miércoles, 14 de febrero de 2018

Roalmoal



El humo crece a la par

que la mentira se acongoja, añeja.

Se percibe como una realidad objetiva,

siempre cambiante, perpetua

una hojuela de oro que reluce en todos sus ángulos:

la mar de la vista que se viste, en sus ojos más cerrados,
Más profundos.
Encerrados en la ilusión humana del crecer.

No estoy aquí para botar epifanías ni

empatía fingida por saberse, incipientemente

Humana, la mente más carnal se muestra

Como su versión más minimalista y voraz.

Las estrellas me cantan y lo siento,

una sombra toma y lleva me a otro plano.

Seré el Fuego de Aristóteles?

O acaso es mi destino obscuro ser

el Leviathán de Rousseau.

Solo sé que las fibras táctiles del espacio hueco me susurran:

no soy dueño del eje matriz del Todo sobre la Nada blanca.

No tengo, en mi palma, las epidermis como médula osea de

mis sentidos en película carnosa-

No quiero, que mis años se acopien en socorra.

El Niño, abierto en su hueco de mente,

un Universo vacío de tristeza y sinandar.

El Anciano, aún hambriento,

pronto

próximo el despegue, el ocaso fugaz.


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