martes, 20 de febrero de 2018

El tiempo y su manera caprichosa de sanar


Las balas rasan, rozando las muescas de la sien.

El aire se torna perpendicular

al ángulo volteado en vertical

del eje del arma de visión,

que se empuña en el momento

de mandar al azar a matar.

Va, otro soldado cae, 

rendido en su trinchera y por sanar

falsamente, se

ocupan los espacios de reposo más cercanos.

¿Será esta otra de esas?

Una repetición a secas, que perturba,

una música ominosa, que todos portamos en la nuca.

Porque la carne hoy se siente, como se sabe,

extra pegajosa y reseca.

Débil, tienta que jala, el destino destripando

a la bestia de todos, sus cometas, todas las estrellas yodadas...

Los colores saben que se pudren, cómo marchitan

los pétalos en la gema del tiempo, en cada reflejo,

una historia diferente por contar.

Otra vida que cocinar, a fuego lento,

en las brasas de una reencarnación constante;

al punto, en su punto, llega a conquistar

la forma que precede al carbono sideral:

una arcilla tosca

pero paciente en su migrar.

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