Las balas rasan, rozando las muescas de la sien.
El aire se torna perpendicular
al ángulo volteado en vertical
del eje del arma de visión,
que se empuña en el momento
de mandar al azar a matar.
Va, otro soldado cae,
rendido en su trinchera y por sanar
falsamente, se
ocupan los espacios de reposo más cercanos.
¿Será esta otra de esas?
Una repetición a secas, que perturba,
una música ominosa, que todos portamos en la nuca.
Porque la carne hoy se siente, como se sabe,
extra pegajosa y reseca.
Débil, tienta que jala, el destino destripando
a la bestia de todos, sus cometas, todas las estrellas yodadas...
Los colores saben que se pudren, cómo marchitan
los pétalos en la gema del tiempo, en cada reflejo,
una historia diferente por contar.
Otra vida que cocinar, a fuego lento,
en las brasas de una reencarnación constante;
al punto, en su punto, llega a conquistar
la forma que precede al carbono sideral:
una arcilla tosca
pero paciente en su migrar.
pero paciente en su migrar.
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