Los kilómetros queman, como Cícero sin voz.
La distancia marca, su trocha en recorrer
mis páramos de mente más lozanos.
Anacoreta, un nuevo dolor crece como
una nueva enjundia por conquistar,
un terremoto que comprender:
Un cataclismo que suena,
como botella rompiéndose en cristal.
El sol de hoy, negativo en tanto su brillo
no opaca tu recuerdo…
Me susurra que esperar
es de los hábitos mal sanos,
más calmados con recompensa áurea en su
colofón,
mis palabras saben como el tacto
que se vuelve esquivo.
El adiós es como un arcoíris negro que nace;
un cielo, de lo más simple y sideral.
Tan solo para apreciar,
aquello que logré saborear,
pero que el espacio me arrebató.
Ahora, consecuentemente,
qué más queda, por realizar?
si no son poemas, que despidan dagas de memorias.
mis páramos de mente más lozanos.
Anacoreta, un nuevo dolor crece como
una nueva enjundia por conquistar,
un terremoto que comprender:
Un cataclismo que suena,
como botella rompiéndose en cristal.
El sol de hoy, negativo en tanto su brillo
no opaca tu recuerdo…
Me susurra que esperar
es de los hábitos mal sanos,
más calmados con recompensa áurea en su
colofón,
mis palabras saben como el tacto
que se vuelve esquivo.
El adiós es como un arcoíris negro que nace;
un cielo, de lo más simple y sideral.
Tan solo para apreciar,
aquello que logré saborear,
pero que el espacio me arrebató.
Ahora, consecuentemente,
qué más queda, por realizar?
si no son poemas, que despidan dagas de memorias.
Espadas, puñales, balas,
cada beso rememorado, es un infierno que
me gustaría
Volver a agazapar…
No hay comentarios.:
Publicar un comentario