miércoles, 11 de septiembre de 2019

Crecer / Juegos Peligrosos



Quimera.

Soy versátil como la fiera es fiel,

al caos de donde salí, allí donde morí.

Ese final viceversa que me mira desde entonces,

en el fondo del reflejo del umbral:

La vida nunca ha sido más que ahora, 

un prisma mal diseñado por capricho.


A la par que mi piel escamosa quema

ante el tajante canto de las crisálidas solares,

no puedo evitar notar

cómo los polígonos se desprenden de mi forma.

Cómo las líneas de mi concepto se tornan tanto ociosas.

Pierdo los colores en tanto ya no reconozco sus bordes de fronteras.


La energía que me rodea siempre es áurea.

Y mi sombra es tan espesa como mi maldad poderosa.

Mi suculenta terquedad carnosa de penetrar,

mi éter se vuele diana para todas,

esas ricas tinieblas juguetonas,

que hace tiempo sé
me quieres presentar.


Este tiempo lo siento en las pisadas.

En cómo mutan mis sombras cuando flagelo

mi alma oxidada frente al océano,

y pierdo noción de cuánto cansa

mantener mi forma,

cuando asustada mira hacia el espejo


y los ojos que me reciben no son los de un ''Roberto''.


Soy la odisea.

Constante.

Perpetua en tanto se niega en concluir,

la búsqueda sagrada de encontrar

a quién demonios se le han caído

tantos pensamientos negros en mi nuca.


Así, con cada año que pasa,

''el niño se vuelve hombre''.

Evoluciona.

El hijo se vuelve asesino.

La multitud crece en germen.

Mientras que las voces,

no dejan de ser chispas de madera en la hoguera.


Y ya no deposito mi fe en esperar

a que el cielo me escupa

al próximo mesías que me guíe

al siguiente mejor infierno por conquistar.

U otro aparente oasis de sanidad,

entre tanto maremoto indescriptible

 de sonido y sabor.

Azaroso.

Cuidadosos serán mis pasos por el lar.


Mi alma coqueta vira hacia El más allá,

ese que no radica,

tras los pórticos roídos y negros de la vieja Hermana.

Si no,

¿en un lugar más peligroso?


[. . .]


Cuando mire hacia el espejo.

Y encuentre un rostro menos salvaje.

Te llamaré de entre los borrones de mi infancia.


Te encontraré.

Y te mostraré el verdadero reflejo.

En el espejo que has dejado olvidado...


Tras ese rabillo oscuro en la mirada.

jueves, 10 de enero de 2019

Negro


Cochambre.

Pasa una niebla espesa recorriendo mis venas.

Desde la muerte de la noche pasada,
hasta el nacer del nuevo sol.


Todo el día pude sentir,

que de mis nervios las raíces en fiambre irían a apilarse,

las arañas de la tragicomedia incertidumbre:

El ver a la vida canta incoherencias desde atrás de los telones...


Ahora, en esta perla negra escarchada,

me oigo a mí mismo, más necio que nunca,

gritar...


Esos gritos que nadie suele escuchar,

que siempre se tienden a ignorar

por carecer de masa real

para impactar.


Mas en mi pecho hay carteles anunciando espacio;

un desierto que se llena de la brisa que el silencio aporta.


Mis ojos.

Cóncavas cavernas, decoradas para disfrazar

aquellos tragos de saliva que saben a filo de navaja al bajar

Una boca en busca de una mitad para apaciguar;

de llantos a los besos como balas al aire vacío.


Es una de esas noches en las que dejo de decir Ahora.

Y pienso más allá de lo que mis propios miedos crean en las sombras.

Recorreré los caprichos de los demonios como un potro de esqueleto,

dispuesto a resucitar tantas veces

como el Camino lo exija.