Flácida se mueve
la imponente
mente abierta hacia
horizontes
de habano y azufres
azucenas,
mientras seducen,
desde los secuaces más esbirros
hasta los más sensoriales de los
provectos prodigios
quienes dictan de
experiencia
entre presagios de mal agüero,
sus quejidos.
No se siente en tanto, no asombra,
una costumbre humilde, mas perturbadora.
Son los páramos de un
monte aislado en
su altiplano.
Y la niebla que lo culmía
despejada ya se va
del ambiente
añejado
por tantos años de
marchitar las semillas sin mirar
antes de poder quemar los pétalos más
en sequías,
por doquier desde el sistema
en el solar:
Corren ríos nuevos
de tinieblas
placenteras.
Y,
en el marco del umbral
poned las manos antes sino
quiebras hace mucho
dentro del yelmo,
y,
desde el prospecto nacen
nuevas formas de
quemar
el barco mientras así deambula
hacia un desvelo
foráneo.
Es el signo circunscrito
en la forja Del Monarca,
muerto en vida pero
renacido en su suerte.
Y, desde las Torres
los reyes pasados han
de atravesar a los gastados
Vestíbulos.
llenos de sangre y flora,
y mira nada más
cómo lloran...
y cómo apestan
a la derrota constante hecha
de bellas discordias
sensoriales-.-
Y, hasta aquí llego,
el ego de su muerte y, ecosistema
marmoleado.
Ya no más sino pues:
La Gloria.
Eternamente plasmada en
formas vertiginosas y, honrosas,
acentosas, tendidas desde un
acorde de vientos en
buena popa
y,
desde
las cuevas ya
adornadas para el brillar
las luciérnagas, cansadas nunca más
desdeñadas, suspiran entre carcajadas, obtenidas por las
Configuraciones nuevas de quimera y de su andar.
Aludida, siempre en su afán de postergar.
Y, mientras ruge las atmósferas, solas quiebran en silbar...
Y, dentro su candela, permeables se tiñen los mirares obstinados
en mi caminar...
y en los tuyos...
Y en los Míos también.
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