sábado, 12 de febrero de 2022

Primer Hallazgo

 

Día Uno.

Empieza el abismo y me indigno.


Exprimo la posibilidad de un hastío.

Y en perpendicular visión a mi sufrido

espejismo

latiendo mientras yerna por la paz

entre la Guerra que aún no empieza


y la que acabamos de lidiar.

Sombra Domesticada

 

Sombra taimada.


Sombra que asusta.


Sombra que se posa cual cuervo

en la mirada.


Hijo de la tiniebla, encontrarás

un nuevo hogar entre la niebla,


no en vano surgirán

todas las más antiguas consecuencias.


Como tótem que se posa,

sobra la obscuridad que ya no adorna

los pasajes entre la alfombra y alumbrado:


la caja toráxica de lo que solía llamar mi alma,

es ahora la candela de una indignación prolongada,


y en mi recinto ya no cabe ni presagio

ni almohada que sobresalga


del camino para ablandar


mi caída.


Como peso muerto

cae consigo su consigna.


Y la experiencia muta en tanto se disfraza

de pájaro en pájaro como arlequín, que se dispara,

sin rabia,


hacia la cabeza de mi mirada más profana.


Negra como el cielo que atesoran

mis estrellas más vetustas,

frías como el mismo espacio muerto que


las rodea,

en calma,

en paz,

en remota


soledad.


Es mejor conseguir el paso mientras aún se puede caminar.

Y no esterilizar los caminos,

que ya no vienen a cantar.


La melodía será lo que nos une.


La música será nuestro desdén.


Recordaré siempre nuestras urnas.

Recodaré siempre nuestro mar.


Recordaré siempre tu tristeza.

Recordaré siempre nuestra paz.