Vapor de acero se acelera
al pavimento en frenesí sincero.
El Rojo se enternece, se estremece
así como quien no sabe si parlar
mejor, o esculpir más las bellas, lujuriosas
mentiras del pasar...
Y el marchar.
Y el lamentar...
Los inciertos atentos del pasado
por sembrar lo que ahora no podré
recoger cuando venga el Otoño
a reptar por mi consciencia...
Es mi ventana por la que alumbro
en esta ronda del mismo juego eterno, pernoctado
mis esperanzas por encontrar más allá de.
Un refugio, una promesa,
entrelazadas por membranas de sapiencia.
Pues
es la quimera interna quien la siente
más
como serpiente
que se desliza sin presunta
vertiente,
en el presente,
ya
Continuo, será mi esfuerzo
de quemar el libro sin avivar las llagas.
Y pelar las centellas que danzan entre
el espacio del aire y la culpa que me pesa.
Toneladas.
Son las palabras, entonces
si no amigas, más bien revoltosas
luciérnagas taciturnas que vienen a
juzgar.
Como les sea más plácido el encontrar
nuevas formas para aparear
las sinuosas con las firmes
olas latentes de
La Mar
Desearte es Maligno.
Aliruzarte firme, pero fino.
Aun así, menosprecié el destino
de toda ave anidada en un
refugio digno
quizás, no pude hallar más sentido
que el pensar
desprevenido
que mi colección de sombras no vendrían a cobrar
sentido
ni su peso en cicatrices, y
Las colecciono...
Las coleccionaré.
Las seguiré coleccionando y
atesoraré.
Como el agua al moribundo del desierto.
Como el aire a las alas de las hadas.
Y el desprecio a la vida en los ojos del demonio.
Este solo es
pues
un mismo asilo momentáneo,
que repito
con todas las esperanzas de reconfigurar
lo que en un estrépito esperpento,
sesgado intento
de apostar...
Mi alma al mejor postor
y mi cuerpo a La Guerra más épica
con la que pueda pararme a
Incendiar.