lunes, 11 de octubre de 2021

Deduarte Malino

 

Vapor de acero se acelera

al pavimento en frenesí sincero.


El Rojo se enternece, se estremece

así como quien no sabe si parlar

mejor, o esculpir más las bellas, lujuriosas

mentiras del pasar...


Y el marchar.

Y el lamentar...


Los inciertos atentos del pasado

por sembrar lo que ahora no podré

recoger cuando venga el Otoño


a reptar por mi consciencia...


Es mi ventana por la que alumbro

en esta ronda del mismo juego eterno, pernoctado

mis esperanzas por encontrar más allá de.


Un refugio, una promesa,

entrelazadas por membranas de sapiencia.


Pues

es la quimera interna quien la siente

más

como serpiente


que se desliza sin presunta


vertiente,


en el presente, 


ya


Continuo, será mi esfuerzo

de quemar el libro sin avivar las llagas.


Y pelar las centellas que danzan entre

el espacio del aire y la culpa que me pesa.


Toneladas.


Son las palabras, entonces


si no amigas, más bien revoltosas


luciérnagas taciturnas que vienen a


juzgar.


Como les sea más plácido el encontrar


nuevas formas para aparear


las sinuosas con las firmes


olas latentes de


La Mar



Desearte es Maligno.

Aliruzarte firme, pero fino.


Aun así, menosprecié el destino

de toda ave anidada en un

refugio digno


quizás, no pude hallar más sentido

que el pensar

desprevenido


que mi colección de sombras no vendrían a cobrar


sentido


ni su peso en cicatrices, y


Las colecciono...

Las coleccionaré.


Las seguiré coleccionando y


atesoraré.



Como el agua al moribundo del desierto.


Como el aire a las alas de las hadas.


Y el desprecio a la vida en los ojos del demonio.



Este solo es

pues

un mismo asilo momentáneo,


que repito


con todas las esperanzas de reconfigurar

lo que en un estrépito esperpento,

sesgado intento


de apostar...



Mi alma al mejor postor


y mi cuerpo a La Guerra más épica


con la que pueda pararme a


Incendiar.