sábado, 8 de septiembre de 2018

Espectro Popular


Las palabras.

Las palabras son un testimonio

de mis espectros coloridos.


Son algodones afilados para aparentar.

Serenos, por fin: el ser

de ásperos retoques, que no sabe cómo disfrazar

sus fracturas como púas protectoras.


Últimamente pareciera, 

según cantos altaneros, al suspiro,

que mi destino yace en aquel éter fino;

allí donde el horizonte no alcanza

 a persuadir, para imponer su presencia.

Allá donde los sueños

se entrelazan con memorias.

Allí es donde, en tierras áureas y azarosas,

cerca, aproximándose, repta la tiniebla andante

de la indiferencia hecha humana.


Mi cabeza se vuelve hogar

para demasiadas versiones de un mismo pecar.


Mi cráneo.

Lo raspo desde adentro hacia las preguntas

incómodas, al tacto hipócrita del egocentrismo

circunscrito, al momento amargo y álgido de descifrar:


Mi sombra, por demasiado tiempo ya

no sé cuántas veces me ha dicho

que la hora del destino ya pasó, mientras pensaba

a qué hora jodida te disponías a llegar.


Ahora.

La vida es una joya gustosa de pulir

y esta risa macabra es aún misterio,

receloso inescrutable de las ondas en partir.


Las oportunidades, se apilan bajo mis alas,

de oro y diamante calcinado.

La fuerza viene bombeando,

a la misma par que la sangre

ruidosa fluye hacia mi pecho,

en el alba del cantar.


Seguiré.

Y entre mi rima saciaré.

Lo que los vientos me avecinan que tendré.


Lo que mi fuego.

Me permita confluir:


Todo lo del éter
al éter en son vuelve.


Son Quimeras que devoran.

La realidad que trotan hacia su fin.